Julen Celaya: testigo y protagonista de una gran evolución técnica y humana
Desde las cerraduras para maletas a las soluciones de apertura y cierre más innovadoras del mercado. Un recorrido con Julen Celaya.
Tras casi tres décadas en TESA, nos despedimos a un compañero que ha sido testigo y protagonista de una gran evolución técnica y humana dentro de la organización. Aunque su trayectoria hablar por sí misma, hemos repasado con él algunos momentos clave de su carrera.
Trayectoria profesional
¿En qué año comenzaste a trabajar en la empresa y cuál fue tu primer puesto?
En abril de 1996 empecé a trabajar en TESA directamente en el puesto que ocupo.
¿Qué te llevó a entrar en la compañía?
Trabajaba en una ingeniería especializada en acabados superficiales y sistemas de reciclado y depuración de aguas. A través de un proveedor supe que en TESA buscaban un perfil como el mío. Era una mejora importante en responsabilidad, así que me presenté al proceso y entré a formar parte de la empresa.
¿Cómo recuerdas tus primeros meses?
Fueron intensos. Encajar no fue fácil, porque la comparación con mi predecesor era inevitable. Pasé por todas las secciones: mantenimiento químico, pulido… fue un aprendizaje completo desde la base.
¿Cómo evolucionaron tus funciones?
Con el tiempo, tras una reorganización interna, asumí también la parte de calidad relacionada con proveedores de acabados y procesos superficiales.
Evolución del oficio y la tecnología
¿Cómo ha cambiado el trabajo desde que empezaste?
En 2005 se modernizaron las instalaciones y el laboratorio. Lo que antes hacíamos en siete instalaciones ahora se hace en una sola, de manera mucho más eficiente y ordenada. Esto redujo tareas de mantenimiento y permitió un enfoque más técnico y profesional. Pasamos de una percepción casi “alquímica” del galvanizado a procesos químicos totalmente controlados.
¿Qué avances han sido más transformadores?
Los sistemas de control bastidor a bastidor, las analíticas automatizadas y los ensayos no destructivos. Hoy controlamos la producción de forma mucho más precisa, lo que hace que el proceso más eficiente.
¿Qué habilidades eran clave antes y cuáles lo son ahora?
Antes dependíamos mucho del conocimiento de los proveedores. Hoy disponemos de ese conocimiento internamente. Aun así, sigue siendo clave saber de todo un poco y mantener una red de contactos externos. Y, por supuesto, ayudar también cuando otros lo necesitan.
¿Alguna innovación con impacto especial?
Siempre he priorizado el uso de productos más seguros y más fáciles de depurar. Desde el inicio trabajamos para adaptarnos a los requisitos legales, lo que obligó también a los proveedores a evolucionar con nosotros para cumplir con los requerimientos higiénicos que marca la legislación.
Experiencia y aprendizajes
¿De qué retos te sientes más orgulloso?
Uno de los más importantes fue la reducción del consumo de agua: pasamos de 137.000 m³ en 1996 a 18.000 m³ en 2000, y esa reducción de consumo con un incremento de la producción. Este trabajo nos convirtió en empresa modelo en el libro blanco de buenas prácticas del Gobierno Vasco.
¿Algún proyecto especialmente significativo?
El desarrollo de un sistema de PVD para cerraduras electrónicas de hotel. Tras pruebas en varios países, colaboramos con Tekniker para diseñar nuestro propio equipo. Fuimos la única empresa del grupo con esta capacidad.
¿Qué lección te ha dejado el trabajo?
Que se aprende de todo el mundo. Pensar que los logros son individuales es un error.
¿Cómo definirías tu forma de trabajar?
De igual a igual, respetando el conocimiento y la responsabilidad de cada persona.
Relación con compañeros y cultura
¿Qué significa haber trabajado tantos años aquí?
Nunca imaginé participar en proyectos de esta envergadura. Ha sido una experiencia muy enriquecedora.
¿Qué valores destacan en la empresa?
Para mí, el orgullo de pertenencia y el compromiso, tanto individual como en equipo.
Transmisión del conocimiento
¿Qué consejo dejas a las nuevas generaciones?
Paciencia. No se puede hacer todo bien desde el primer momento. Hay que preguntar siempre. Como decía mi predecesor: “se es tonto hasta que se pregunta” y “vale más un lápiz pequeño que una memoria grande”.
¿Qué no debería perderse nunca?
Dos palabras: gracias y perdón.
¿Cómo seguir evolucionando?
Viajar y ver cómo se hace en otros lugares, conocer otras formas de trabajar y ver nuevas instalaciones. Eso abre la mente.
Mirada al futuro
¿Qué vas a echar de menos?
Sin duda, a la gente.
Y, ¿qué planes tienes para esta nueva etapa?
Primero asimilarla. Después, retomar aficiones y volver a disfrutar de la montaña.
Si resumieras tu carrera en una frase…
“Honestidad en el trabajo y respeto a las personas.”
